A Dana no la define el reflejo del agua cuando está tranquila, sino el impulso con el que rompe la superficie en cada salida. A sus 15 años, esta estudiante del grado 1002 no concibe su vida sin el aroma a cloro, los entrenamientos al amanecer y la adrenalina de la competencia. Su camino en el Colegio Salesiano de Duitama no arrancó con aplausos ni medallas; empezó hace años en las aulas de Transición, cuando era apenas una niña que, a la par de sus primeros cuadernos, a los 8 años descubría en la natación un espacio para retarse y crecer.

Al principio era solo eso: aprender a flotar y perderle el miedo a la piscina. Pero con el tiempo la afición se volvió disciplina. Llegaron las levantadas temprano, el cansancio en los hombros, los nervios antes de tirarse al carril y esa lección que solo da el deporte: que para ganar segundos en el cronómetro hay que trabajar meses enteros.

El 2026 fue el año donde todo ese esfuerzo acumulado estalló en celebraciones. Su temporada comenzó en el Torneo Nacional de Cúcuta, donde se trajo tres medallas de plata y una de bronce en las pruebas de espalda y libre. En las válidas departamentales demostró que estaba para grandes cosas: en la primera jornada se colgó dos oros, tres platas y un bronce y en la siguiente remató con una actuación increíble de un oro, seis platas y tres bronces. Representando los colores de la institución en los Juegos Intercolegiados 2026, aportó tres medallas de bronce más.

El momento cumbre llegó en los Juegos Nacionales Salesianos. Nadando estilos tan exigentes como pecho, espalda, libre y los durísimos 50 y 100 metros mariposa, Dana tuvo una presentación soñada: conquistó siete medallas de oro y dos de plata, consagrándose como la Campeona Nacional Femenina del torneo.

Detrás de cada trofeo hay una joven duitamense que equilibra la alta competencia con la exigencia académica de décimo grado. Su constancia en el agua y en el aula refleja los verdaderos valores salesianos: trabajo diario, humildad y ganas de salir adelante. Hoy, la niña que daba sus primeras brazadas en Transición es el orgullo de toda nuestra comunidad educativa, demostrando que con ganas y disciplina no hay meta inalcanzable. ¡Felicidades, Dana! Tu historia apenas empieza a escribirse.